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Apagado automático: por horario o por sensor
Las dos formas de apagar una sala sola tienen la misma promesa y fallan distinto. El sensor falla delante de un curso; el horario falla en silencio, a las seis de la tarde, cuando ya no hay nadie para notarlo. Esa diferencia decide cuál poner.
Qué se está tratando de resolver
El problema real no es el consumo: es que los equipos de una sala quedan encendidos toda la noche, todo el fin de semana y las dos semanas de vacaciones de invierno. Una pantalla o un proyector encendidos sin nadie delante no solo gastan — acortan su vida útil, que es lo caro. La lámpara de un proyector y el panel de una pantalla se miden en horas de encendido, no en años.
Por eso conviene separar dos cosas que suelen ir juntas en la conversación: apagar lo que nadie está usando y encender lo que alguien va a usar. La segunda casi nunca vale la pena automatizarla. La primera sí.
Una pantalla grande en reposo consume del orden de 0,5 W, pero encendida sin contenido puede estar entre 100 y 200 W según el tamaño y el brillo. La diferencia entre «apagada» y «encendida mostrando el escritorio» es de dos órdenes de magnitud; la diferencia entre «apagada» y «en reposo» es despreciable.
⚠️ La consecuencia práctica: no vale la pena instalar nada para eliminar el consumo en reposo. Lo que se persigue es que ningún equipo pase la noche encendido de verdad.
El sensor de presencia y por qué se desconecta solo
Es la opción que se ofrece primero y la que más se termina desactivando. El motivo casi nunca es que el sensor esté malo: es que una sala de clases es el peor caso para un sensor de movimiento.
- Treinta personas sentadas y quietas. Un curso escuchando una explicación se mueve menos que una oficina. Un sensor infrarrojo pasivo ve calor que se desplaza; treinta alumnos atentos son treinta fuentes de calor casi inmóviles.
- El sensor mira donde no hay que mirar. Se instala en el cielo, al centro, y cubre bien el pasillo central. Los puestos del fondo, contra la pared, quedan en el borde del cono de detección.
- La corrección empeora el problema. Cuando apaga con gente adentro, la respuesta habitual es subir el tiempo de espera a 30 o 60 minutos. Con eso deja de apagar durante los recreos y los cambios de hora, que es cuando más se ganaría.
El resultado se repite: la primera vez que la sala queda a oscuras con el curso adentro, alguien desconecta el sensor o lo deja en modo manual. Y una automatización desconectada cuesta lo mismo que una que nunca se instaló.
El apagado por horario, y su única trampa
Apagar a una hora fija es aburrido y funciona. No depende de que alguien se mueva, no tiene cono de detección y no falla delante de nadie si la hora está bien elegida.
Su trampa es la contraria: falla sin que nadie se entere. Si el corte queda a las 18:00 y el colegio tiene taller hasta las 19:30, la sala se apaga en medio de la actividad una vez, se anota como «anda mal» y se desactiva. Elegir la hora no es un detalle técnico: hay que preguntarle a quien conoce el uso real del edificio, incluidos los usos que no están en el horario de clases.
| Uso que se olvida | Qué pasa si no se considera |
|---|---|
| Talleres y academias después de clases | La sala se apaga en plena actividad |
| Reuniones de apoderados | Suelen ser de noche y en salas comunes |
| Uso de la sala como sede electoral o de votación | Día no lectivo, edificio abierto |
| Mantención y aseo | Entran temprano, antes del primer bloque |
| Verano y vacaciones de invierno | Un horario semanal sigue «encendiendo» salas vacías por meses |
Cuál poner
Para una sala de clases corriente, horario. El sensor de presencia tiene sentido en recintos de uso irregular y con gente que se mueve — pasillos, baños, bodegas, gimnasio —, no en un espacio donde treinta personas se quedan quietas durante 45 minutos.
Y si se combinan, el orden importa: el horario apaga y el sensor solo puede impedir el apagado, nunca encender. Un sensor que enciende es un sensor que va a encender la sala cuando pase el auxiliar a las cinco de la mañana.
Muchos equipos ya traen apagado programable de fábrica, en su propio menú: proyectores, pantallas grandes y varios sistemas de audio. Antes de instalar un control externo, conviene revisar el menú del equipo que ya está en la sala — es la opción que no agrega un aparato más que puede fallar.
Lo que no hay que automatizar
El corte general de energía de la sala. Es tentador —un contactor en el tablero y se apaga todo— pero deja sin alimentación cosas que no deben quedarse sin ella: equipos de red que tardan en levantar, sistemas de alarma, refrigeración si la hubiera, y cualquier cosa con batería que se descargue. Un corte por fuerza al tablero también apaga los equipos sin secuencia de apagado, que es la forma más rápida de acortarles la vida.
La instalación eléctrica y sus protecciones tienen su propia normativa; lo que se decida acá no debería tocar el tablero. La referencia es la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, y cualquier intervención en el tablero la hace un instalador autorizado.